¿Cómo comenzó el concepto de capital humano?

¿Cómo comenzó el concepto de capital humano?

Hace más de dos y medio siglos el filósofo escocés, Adam Smith, desarrolló la idea de “capital humano”.

Hoy en día el capital humano es tan valioso como el capital económico, tanto en economías capitalistas como en aquellas de tipo socialistas -o llamadas erróneamente también ‘comunistas’-.

En ambos sistemas, el valor del ser humano cada vez se encuentra más cotizado en naciones del occidente, si bien es cierto que todavía está la idea errónea del empresario -lamentablemente anclado en teorías de hace dos siglos- de que “nadie es indispensable”.

A diferencia del siglo pasado, actualmente hay muchas oportunidades para los jóvenes que estudian, pues antes de graduarse en “x” carrera ya poseen alguna experiencia en lo que estudiaron, es decir, alguna empresa les ofreció la oportunidad de trabajar determinadas horas o de realizar lo que llaman sus prácticas profesionales.

Así, los nuevos profesionales no van a ciegas para el desempeño del trabajo. Si laboran en una empresa que de verdad valora a sus trabajadores, seguramente allí ese nuevo elemento llevará a cabo una carrera exitosa. Al cabo de un tiempo, logrará una experiencia y con toda la vida por delante.

Una serie de condiciones para el óptimo desempeño de las tareas en la empresa -como por ejemplo: buen ambiente, participación en las discusiones, comedor y un salario justo, entre otras- harán que el profesional o un trabajador en otra área se haga más que necesaria, es decir, se haga indispensable retenerla.

“Ser indispensable en el trabajo significa que los supervisores cuentan contigo tanto que sin ti la productividad de su departamento puede decaer, o al menos esa es la percepción”, señala Andy Teach, quien es autor de From Graduation to Corporation (De la graduación a la corporación).

Eso es el resultado del “capital humano”. No es simplemente reclutar gente y ya, o seleccionar de ella a dos o tres o cuatro que requiere la empresa. No. Es tener la visión que con personal con ese espíritu de trabajo óptimo, la empresa nadie la detiene en su objetivo de ser la mejor y de expandirse.

Hace más de dos y medio siglos el filósofo escocés, Adam Smith, desarrolló la idea de “capital humano” -claro, sin nombrarla de esa manera- en la que destacaba la necesidad de reembolsar toda la inversión que se habría hecho en la persona con profesión (educación, tiempo, costo). Como suele suceder, al cabo del tiempo sus teorías fueron enriqueciendo el pensamiento sobre el particular hasta llegar a nuestros días.

Sin embargo, una línea coincidente en las teorías y estudios sobre ese tema es que no habrá desarrollo de una empresa, de una región o de un país si no se valora al ser humano. Y es que podrá existir mucho capital económico, pero sin el capital humano… ¿qué lograría hacerse?

Aunque podría ser un tema para analizar, hay quienes piensan que a esos dos elementos -capital económico y capital humano- se debe agregar la tecnología, como elemento necesario a fin de que ese triunvirato sea el que lleve a buen puerto todo proyecto de empresa (tanto en el mundo occidental como en el oriental).

Aun añadiendo la tecnología, no hay duda que sin capital humano no habrá avance.

¡EXTRA!: De acuerdo con números de organismos internacionales, Cuba es el país latinoamericano que más presupuesto destina para el rubro educativo: ¡13por ciento de su PIB! En la Unión Europea son: Chipre y Suecia los que destinaron más del 15 por ciento de su PIB a la educación en 2019. México para este 2020 se aprobó poco más del 3% de su PIB.

Ingrid Moss

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